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viernes, 23 de agosto de 2013

L E T R A S DE R E N U N C I A DEL DECANO PRESIDENTE DEL REAL CONSEJO DE LA CASA BORBON





    L E T R A S  DE   RENUNCIA
DEL
DECANO PRESIDENTE
DEL
REAL CONSEJO DE LA CASA BORBON


DEL
DECANO PRESIDENTE
DEL
REAL CONSEJO DE LA CASA BORBON


Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mí conciencia, he llegado a la certeza de que, por las actuales y gravísimas circunstancias que atraviesa en estos momentos la Corona en nuestra amada España. Así como, la falta de apoyo externo en el desempeño de mis funciones, y como consecuencia de mi actual carencia de fuerzas físicas y de ánimo para ejercer adecuadamente la Decania-Presidencia. Y por el juramento que presté de mi cargo solemnemente, de desempeñar con lealtad y patriotismo, observando y haciendo observar fielmente, la Constitución del Real Consejo. Hoy mi permanencia en el ejercicio del cargo puede ser más perjudicial que beneficioso para el bien de nuestra institución.


Revestido ahora, de una brizna de honestidad y circundado de una total honorabilidad, arrojada en el silencio elocuente de mi soledad fulgida de horas de luz. Al ser muy consciente, de que este ministerio, -por su naturaleza y fin último-, debe ser llevado a cabo, no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado con humildad, entera dedicación, fortaleza, ardor y brío. Y muy eficazmente revestido de preciosas virtudes capitales, tan necesarias en el pacifico desempeño de mis onerosas funciones, frente a estos duros y angustiosos momentos que vive con dolor nuestro ultrajado pueblo.


España se encuentra sometida hoy más que nunca por la grave laceración de una descomunal corrupción. La cual ha detonado una descomposición total del sistema democrático invadido endémicamente en su núcleo de taras espúreas.
Nuestra democracia agoniza lentamente. Convertida desde hace años en una caricatura satirizada, para luego someterse a manos de los poderosos y los mercados.
Mi corazón se conmueve y agita al contemplar la dura injusticia de ver desamparados y abandonados a su suerte a la ciudadanía, en nombre de una torcida idea de la libertad, a la que apelan -como siempre- los poderosos insaciables dueños del capital en España. Los cuales olvidan con vileza en su desmesurada y repugnante ambición al hombre y a la mujer que trabaja y produce. Los trabajadores son en definitiva quienes generan la riqueza que los capitalistas usufructúan ahora mezquinamente.


Nuestra nación, se halla inmersa y sumida hoy en una crisis sistémica -en todos los órdenes- sin precedentes en nuestra historia. Ha sido puesta de rodillas por aquellos  que han vendido y ultrajado el bienestar general del pueblo a apetitos foráneos de un capitalismo indolente, sin patria ni bandera. La cual está asistida de la impasible e indolente aptitud del titular de la Corona, para con el honrado y soberano pueblo español.
La Corona que vino prestando grandes servicios a la Patria, ha quebrantado en estas horas amargas su vínculo de unión sagrado con su pueblo. El cual en tiempos no muy lejanos parecía como un vínculo indestructible. Faltando así, con agravio, a ese permanente espíritu de servicio y consagración pleno de lealtad a España encomendado a Su recta solicitud e inherente al licito ejercicio de la más alta Magistratura del Estado.
Hechos unidos a los graves comportamientos de falta de honestidad habidos en el seno de la Familia Real, sometiendo con vehemencia -por la naturaleza de los mismos- haciendo recaer sobre la institución, el merecido e inapelable velo del descredito, la desconfianza y el repudio de una gran parte de la propia Nación.
   

Aquellos que estaban llamados a la plena honorabilidad, honestidad, prudencia, el desapego a lo material y el buen uso de los poderes temporales, han mancillado el prestigio y buen nombre de la Monarquía como modelo ejemplar de Estado. Precipitándola y haciendo derribar la Corona sobre el fango de la maledicencia más ignominiosa.  Ellos mismos, la han reconducido por el umbral nefasto del principio de su propio fin. O en el mejor de los casos, condenándose como dinastía reinante al ocaso de sí misma. Olvidándose con agravio de Su alta atribución de tutelar con prudencia el arbitraje y permanencia como símbolo y unidad del País. Contempladas las mismas con rigor, en nuestra vulnerada y desfasada Carta Magna, dentro de la legalidad vigente.
Ahora más que nunca he de manifestar abiertamente, lo que en su día advertí personalmente y con total sinceridad a S.A.R el Conde Barcelona diciéndole: "¡La Familia Real que no sirve al pueblo, al pueblo no le sirve!... Señor, cuando el egoísmo, la corrupción, y la crisis entra como enfermedad en cualquier modo de Estado, prosperan siempre los infortunios." 


Por lo que asistimos indeclinablemente con dolor e impotencia, al inminente e irrevocable hecho histórico del derrumbe de nuestro propio y malogrado Estado Parlamentario Monárquico.  
En consecuencia última, para gobernar nuestro Real Consejo, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu. Vigores que, desvestidos hoy de la ilusión y la esperanza, he visto gravemente mermados en los últimos meses. Disminuyendo en mí de tal forma, que he de reconocer, mi incapacidad para ejercer adecuadamente el ministerio que me fue encomendado a mí entera solicitud.


Por ello, siendo muy consciente de la alta responsabilidad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ejercicio del ministerio de la Decania-Presidencia del Real Consejo de la Casa Borbón, el cual me fue confiado por medio de los señores Consejeros-Ministros-Plenipotenciarios el día 1 de julio de 2012. De forma que, desde el 23 de mayo de 2013, a las 20.00 horas, -fecha conmemorativa del XXXIX aniversario de mi nacimiento- la jefatura del Real Consejo de la Casa Borbón y la Sede de la Soberana Orden de San Luis, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias para ello, el Consistorio General  Supremo para la elección del nuevo Decano-Presidente.


Estimados Consejeros-Ministros del Real Consejo, os doy por las presentes letras de renuncia las más vivas y estusiastuicas gracias de corazón por todo el afecto y el trabajo con que me habéis prestado, llevando junto a mí el peso del Poder de este ministerio institucional, y os pido perdón por todos mis defectos.
Ahora, confiamos al Real Consejo Supremo el delicado y primoroso cuidado de la Sede Vacante, para que asista con prudencia y bondad a los señores Consejeros-Ministros-Plenipotenciarios que habrán de elegir al nuevo Decano-Presidente, puestos sus corazones y empeño siempre en nuestra tan amada nación.
Desde aquí, deseo apelar en última instancia, a la unión de todos los españoles. A luchar contra la corrupción y salvar nuestra enferma democracia. Solo la unión de un pueblo grande y honrado como el de España, del que estoy convencido entiende y comprende mi verdad con esa extraordinaria intuición que poseen los grandes hijos de la Patria, noble y generosa cuando se les guía y defiende desde cargos humildes con lealtad y honradez.



La heroica beligerancia está ahora en manos de la ciudadanía, pues solo ella tiene el poder para luchar contra este cáncer que es la corrupción que asola y destruye cada día a España.
Yo deseo, quiero y ansío trabajar por la causa del espíritu de libertad, justicia y  grandeza de España, aun en los momentos postreros de mi muerte, porque en ella vine a nacer; si en otra parte me encontrase aun en el doloroso trance de un exilio  y desarraigo como les toco vivir a don Niceto Alcalá Zamora, don Manuel Azaña, don Miguel de Unamuno, don José Calvo Sotelo, don Alfonso XIII o cualquiera de nuestros insignes proscritos,  me esforzaría por esta humilde causa con igual fe y fervor que ellos afrontaron con fortaleza, esperanza, cuerpo y alma. Sea España en un futuro Monárquica o Republicana. Porque en definitiva siempre nos quedará la Patria eterna, y la misma merece todo menos dejarla abandonada.
A unos y otros exhortamos a que acudan vivamente con oraciones suplicantes al Altísimo, “de quien viene todo don bueno y toda dádiva perfecta” para que mire benigno a España y no permita que se aparte nunca de Él.

Dadas en Madrid, Capital del Reino a catorce de abril de dos mil trece



José Liberto López de la Franca y Gallego

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