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Liberto

viernes, 23 de agosto de 2013

PROCLAMA







El mundo occidental ha destruido durante demasiado tiempo y sigue destruyendo todavía  los valores espirituales de los pueblos, que son explotados por el capitalismo tiránico con sus insaciables ambiciones egoístas de riqueza y predominio repugnantes e ignominiosas para las libertades y derechos del hombre.
El Justicialismo nacido del corazón de los españoles posee un fondo idealista esperanzador y generoso de fraternidad inconmensurable, que constituye por sí mismo un profundo y noble valor espiritual que es en esencia, la libertad y la fe inmortal de un pueblo como el nuestro  puesto hoy de rodillas.
Todo lo que es, o puede ser un bien de la sociedad, ha de llegar integro al pueblo, que es el destinatario final y soberano de todos los bienes que Dios ha puesto en manos de los hombres.
Hoy vindico una lucha definitiva y eficaz contra los privilegios, en cualquiera de sus formas; económicas, sociales o políticas. Porque todo privilegio significa en alguna forma el injusto acaparamiento individual de valores y riquezas, cuya custodia pertenece únicamente al soberano pueblo español, los cuales deben ser distribuidos equitativamente en beneficio de todos nuestros trabajadores y de la patria.
Una justicia social revolucionaria y libre debe alzarse en estas horas decisivas, para oponerse a todo privilegio sangrante, humillante y esclavizador. Así se trate de un monopolio económico, de una oligarquía política de partidos anclados en el poder del Estado, -como es la española- o de cualquier fuerza opresora que la respalde y proteja.
Nos debemos ahora más que nunca a una lucha heroica contra la tiranía del poder constituido.  Los tiranos tras haber primero engañado a su propio pueblo, sometiendo al mismo a los nefastos poderes del capital, bajo leyes infames que destruyen cualquier bien material o espiritual, denigrando y corrompiendo en toda forma a nuestra inerme y dañada democracia.
Solo una Revolución Libertadora que se alce de facto, hará sucumbir los pilares que sustenten a los poderosos, derribando del absolutismo despótico, a los que desde sus cargos oprimen y someten a los trabajadores y los desempleados del País.
Es necesaria una Revolución Justicialista, frente a cualquier ofensiva que no tenga otro objetivo único, que la devolución íntegra de los bienes materiales y espirituales a nuestro pueblo. Riquezas expoliadas durante el inepto ejercicio de sus poderes, mientras se situaban estratégicamente y abiertamente del lado servil del capital, traicionando en deshonra de lesa humanidad a la Nación y al Pueblo al que juraron servir fielmente en sus cargos.
El advenimiento de una Revolución Pacificadora propugnará el levantamiento del Nuevo Estado, Justo, Libre y Soberano, puesto de inmediato a las órdenes del pueblo y con un único propósito integrador y benefactor.
Conquistado nuestro propósito, ha de expulsarse y cercar a los actuales políticos, para así evitar cualquier posibilismo de adentrarse en el sistema naciente con el alto riesgo de camuflarse y subsistir en el mismo. Para ello, es necesario que el Antiguo Régimen sucumba y perezca con ellos.
¡Mientras el viejo régimen muere, el Nuevo Estado ha de nacer limpio y sin taras espureas,  para que así, miles de españoles vivan! 
Han de levantarse los españoles contra toda esta injusticia que asfixia día a día en cada amanecer a los trabajadores y desempleados de mi patria.
Creo firmemente que llegó a España la hora inaplazable y severa, para que su pueblo hable y sentencie. Ha de tomar el timón y real protagonismo de su sagrado destino en la historia.  Creo ahora más que nunca que llegó la Hora de los Pueblos.
Las instituciones opresoras que se enfilen frente al pueblo desde los gobernantes a los bancos que quieran mantener a toda costa el cerco de sus privilegios sangrantes revestidos de derechos y nieguen la realidad al pueblo impidiéndole que ejerciten sus derechos dignos al trabajo, y a la justicia, al bienestar o a cualquier ejercicio pleno de libertad, propugnados por nuestra maltratada y caduca Carta Magna, serán destruidos por la avalancha de las masas que surgen desde el principio de la historia por caminos de sangre y de dolor. Pero como una marea incontenible de autentica libertad y justicia plenas, el honrado y virtuoso pueblo español ha de adelantarse al tiempo de los pueblos, en su imparable evolución irreversible y organizarse para canalizar la marea humana, para que el paso de nuestra edad y renacimiento al Nuevo Orden en España, en otra edad, se realice pacíficamente sin grandes sacrificios y dolor.
La Hora de los Pueblos ya no es una palabra demagógica en las mentidas, vilipendiadas y manipuladas democracias de nuestro tiempo. Los pueblos están abriéndose camino entre la estática e involucionista maraña de redes tejida por quienes provocaron esta repugnante crisis universal que a todos aprisiona y desangra, la cual va desde oriente a occidente.
La hora naciente de los pueblos se inicio en Irak. Su grandísimo estruendo se extiende hoy por oriente, abriéndose paso imparable hasta las repúblicas de Túnez, Libia, Egipto, y otras que están por llegar.  Patrias hoy libres del yugo esclavizador, caído a su paso por la libertadora, única y justiciera Hora de los Pueblos, tan temida por los tiranos de la tierra.   
Al nacer el nuevo siglo y ser puesto de rodillas el Imperio que somete a la tierra, comenzó el tiempo temido por los tiranos y esperado por los humildes, denominándose ante el género humano  como  “Primavera de los Pueblos”.
Ninguna fuerza podrá detener en ese camino de liberación a la Hora de los Pueblos. La sed de justicia que lleva la boca y el corazón de nuestra humanidad ya no podrá ser apagada ni por palabras, engaños, fuerza o con dinero.
En nuestro tiempo se cumplirá inexorables las palabras de Cristo;  “Serán bienaventurados los que tengan sed de justicia porque ellos serán saciados”; ¡Y saciados quedarán de justicia en plenitud de su realidad!
¡Levanto ahora mi voz, hasta que mi clamor llegue hasta el último rincón del mundo, para que se inicie en nuestra patria la Hora de los Pueblos!
La nuestra es una proclama de victoria ineludible. ¿Acaso los españoles, como todos los que en el mundo han levantado una bandera por primera vez, podemos ser derrotados por los que son hoy los enemigos del pueblo soberano?  ¡Aun así, nuestra lucha no será interrumpida por nuestra caída. Detrás de nosotros vienen todos los pueblos del mundo sedientos de libertad y justicia!
Esa justicia y libertad no se regalan ni se encuentran. ¡Se conquistan y defienden!  ¡Muchas veces hay que morir por causa de ellas!
Quienes quieran oír que oigan, quienes quieran seguir que sigan. La empresa es alta y clara nuestra divisa.
Mi causa es la causa única del pueblo, de mi amado y soberano pueblo español.

Madrid 22 de agosto de 2012


Liberto López de la Franca y Gallego

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