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Liberto

domingo, 6 de abril de 2014

III MANIFIESTO





 



En los alrededores de San Lorenzo de El Escorial, a 21 de marzo de 2014





Solo a los grandes hombres suelen pasarle cosas terribles
FRIEDRICH NIETZSCHE

Si, realmente  y verdaderamente me han pasado algunas cosas terribles, pero, no sé si yo seré un gran hombre. Lo que sí sé, y de lo que estoy absolutamente seguro y convencido es de que he tomado una decisión acertada y correcta, para evitar cualquier ofensiva individual o colectiva inútil hacia mi persona, haciendo presente el preciado lema de mi escudo de armas: TANTO DEBE EL HOMBRE SER COMO QUIERE PARECER.
¡Por ello, prefiero dejar de ser una persona mediática o televisiva, pero seguir siendo un hombre! Porque siempre será para mi preferible morir pobre y anónimo, pero honrado y digno, que verme elevado al más alto sitial de la fama, halagado en apariencia por la audiencia publica hoy tan manipulada, viviendo realmente en vilipendio, revocado en definitiva a convertirme en un lazarillo ciego.
Mi manifiesto de 28 de septiembre de 2013, instauró una Revolución Libertadora  en mi vida, y coincidente con el segundo manifiesto de 28 de febrero actual, se cerraba entre ambos una etapa de resurgimiento y fortalecimiento que tiene su punto de inflexión el pasado 19 de marzo, iniciándose el llamado Proceso de Reorganización General, incoado al respaldo del Poder Judicial. Depurándose hoy al amparo de la verdad y de la ley cuantas infamias, ignominias, injurias y calumnias fueron salpicadas y propaladas por la maledicencia que es una de las zafias y funestas armas que quedan siempre al enemigo ruin y traidor. De ellas fui blanco en algunos medios de comunicación indolentes y sin escrúpulo, otros fueron llevados por el sofisma encanallado previa la manipulación articulada y




premeditada, alentada por ciertos esperpénticos personajes televisivos, que utilizaron esos medios como propios  para atacarme directamente y cobardemente. Encontrándome yo desamparado y en desigualdad de fuerzas para combatirlos serenamente con la verdad y la palabra en mi legitimo derecho de defensa en contestar, el cual me fue negado y usurpado intencionadamente así como parcialmente, por quienes tenían entonces el poder de decisión mediática para autorizarlo sin esfuerzo alguno.
En aras de esa responsabilidad ante una autoridad y liderazgo moral en alza, dada mi preciada situación pública, y muy consciente que lo que yo diga y haga, tiene una enorme resonancia general, cuestión que me obliga a proceder con alta cautela y discreción, deseo manifestar públicamente:
Siempre he sido un ser inmerso en un realismo rotundo, revestido del raro don de la anticipación, y por ello he ansiado en toda época de mi vida saber estar despierto y anticiparme al juicio colectivo de mis contemporáneos.
Alguien dijo de mí en cierta ocasión, con toda razón de conocimiento a través de mi trayectoria humana, esencia y vivencialismo, que he padecido el drama que España reserva a sus preciados hombres. El drama de que los que me quisieron no me comprendieron, y los que podían comprenderme no me quisieron. Fidedignamente se da la paradoja que España está acostumbrada a tener malos gobiernos y esplendidos individuos. Siendo España madrastra de sus hijos verdaderos.
Ante este juicio solo queda el silencio elocuente que es grandioso: todo lo demás es debilidad.
Resueltamente haciendo mía la frase de los generales Urquiza y Lonardi en estas horas de luz en mi vida, proclamo: “Ni vencedores ni vencidos”. Deseo sin miedos ni rencores y con ánimo de justicia plena, afrontar esta etapa de Revolución Libertadora y Proceso de Reorganización General, vigilantísimo siempre, ante cualquier premeditada ofensiva contra mi persona o las instituciones que coordino o tutelo, que serán de facto combatidas inteligentemente y eficazmente por la razón o la fuerza y en última instancia ante los tribunales de justicia. Advirtiendo a quienes se atrevan nuevamente a establecer conflicto frontal conmigo, ser para ellos trágica lección de su agonía y de mi insolencia frente a ellos. No sería yo leal, si no  dijera que combatiré sin temblarme la mano, en nombre de las viejas luchas, que por haber sido claras sinceras y evidentes, permitirán




fortaleza, ardor y brío ante los antiguos o nuevos adversarios que atenten con activa, abierta u oculta beligerancia contra mi prestigio libertad y futuro.
Lo que hagamos en la vida tiene su eco en la eternidad, recordando la diferencia de los dos tipos de personas que podemos encontrar en nuestra existencia, aquellas a las que les pasan cosas y aquellas que hacen que pasen cosas, aunque éstas sean terribles y por el bien común y en defensa heroica del Magno Breviario de Ciudadanía, que se custodia sobre el altar de la Patria, conteniendo las sagradas normas y derechos para llegar a ser un gran hombre, digno, libre y soberano, que de él pueda decirse eternamente: INVICTIS, VICTI VICTURI (al que no fue vencido, los vencidos, que serán vencedores mañana).
Liberto López de la Franca

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