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domingo, 6 de abril de 2014

LIBERTO LOPEZ DE LA FRANCA HA DISUELTO A “GOLPE” DE DECRETO PRESIDENCIAL EL CONSEJO GENERAL DE GOBIERNO DEL REAL INTITUTO ALFONSO XIII




LIBERTO LOPEZ DE LA FRANCA  HA DISUELTO  A “GOLPE” DE DECRETO PRESIDENCIAL EL CONSEJO GENERAL DE GOBIERNO DEL REAL INSTITUTO ALFONSO XIII
GERMÁN PEREZ MARTIN. UNIVERSITAS PRESS
Una simple nota de la Subsecretaria de Información  de este prestigioso patronato hizo saltar la polémica noticia de este notable cuerpo académico.
Con jurisdicción propia y revestido de una constitución presidencialista, que otorga poderes máximos a su más alta jefatura, sin posibilidad ni siquiera que el reglamento interno impidiera ayer a su presidente disolver a “golpe” de decreto el Consejo de Gobierno del Real Instituto de Estudios Históricos Políticos de Ciencias y Artes Alfonso XIII. Todos los intentos por mantenerse en el “poder” a los órganos ejecutivos sin ver peligrar  sus cargos fueron baldíos. Tras un engranaje complicado de los órganos ejecutivos, no han evitado que la Jefatura del Real Instituto, disolviera excepcionalmente al “herido” Consejo General de Gobierno. A las 10:35 horas era firmado el Decreto por la propia mano de su presidente Liberto López de la Franca, quien ha mostrado hacia los medios un hermetismo habitual en su forma de proceder revestido de una severa discreción acerca de esta medida excepcional. Al parecer según fuentes consultadas  el decreto evitaría un vacío de poder administrativo en el ente jurídico del estado académico, el cual conduciría al derrumbe, división interna y por consiguiente finiquitación del mismo. En el polémico decreto, el presidente asumió todas las facultades de los Consejeros de Gobierno, los cuales ejercían sus respectivos cargos en vigencia hasta esos instantes previos a su firma.
No había precedentes hasta hoy, que un presidente predecesor al actual, hiciera uso de esas facultades sin consultas previas tanto internas como externas, aunque estas no son preceptivas.  En la mañana de hoy,  los periodistas nos sorprendimos al ver salir de la sede del Real Instituto a López de la Franca, con semblante circunspecto y serio  mirada perdida saludando cortésmente a los que asistíamos a la rueda de prensa,  mientras se introducía en un Audi, conducido por un colaborador inmediato.
Los ex-Consejeros de Gobierno en un estado de división interna  han mostrado en algún caso aislado su disconformidad, tachándola de “Golpe de Estado Académico,” mientras que el resto asume y acepta las medidas excepcionales impuestas. En los círculos de la institución académica se vislumbra y percibe cierto temor cargado de reticencias por algunos ex miembros del Consejo. Incluso a enfrentarse a la misma presidencia, pues su condición académica de base puede peligrar. Según información de primera mano al consultar a uno de los ex miembros natos, éste manifestó: “Las medidas disciplinares son severas y el Presidente no le tiembla el pulso ni a la hora de suspender ni de expulsar del Real Instituto, a quien sea subversivo y “desleal” a la legalidad vigente del mismo”.
Los adversarios a López de la Franca resaltan su frialdad e impavidez, ante sus enérgicas quejas y oposición al decreto excepcional. Al parecer no logran entender como no se llamó a “consultas previas” al  Consejo de Gobierno, señala el grupo más tradicionalista. El Presidente actúa según ellos unilateralmente, y ven en este decreto un “golpe de Estado Académico” que traerá consecuencias aun no estimadas y una inminente “guerra civil interna”.
Son muchas y dispares las cuestiones que se vierten alrededor de la figura presidencial. Quienes lo conocen humanamente de cerca, lo admiran y defienden, aludiendo en favor suyo que, es una persona “cercana, humilde, inteligente, sereno, con una cultura seria y proverbial. Sin duda posee capacidades de gobierno y autoridad  extraordinarias ”. En otro sector más moderado,  el académico Marín, nos exalta a un joven “reformista, elegante, muy valiente que ha sabido dar al Real Instituto el halo que necesitaba desde tiempo atrás, y lo más importante es la independencia y la neutralidad política indispensable para la larga vida del mismo. Liberto mira siempre más allá del futuro, tiene innato el don de la anticipación de sus coetáneos. Preguntamos al Dr. Marín acerca del deseo de López de la Franca, de emprender una reforma constitucional convocando un “conclave” y así, dotar a la institución de una nueva “carta magna” en la que el poder presidencial sea más representativo y otorgar más colegialidad en el órgano ejecutivo, cuestión que nos responde tajantemente y enfatizando: “Ningún antecesor ha considerado necesario una reforma. Este ha sido un motivo de cuestionamiento principal y freno. La maquinaria de gobierno interna no vio, ni ve con buenos ojos una reforma  institucional, más aun si ven peligrar sus privilegios personales, los cuales creen, que más que privilegios son derechos adquiridos. Por eso digo que, ningún Presidente se atrevió a emprender un nuevo orden, pues una reforma de esta magnitud es algo muy problemático  para ellos, y en cierta manera dolorosa. Yo estoy seguro que el Real Instituto afrontará en poco tiempo esa reforma llevada de la mano de este activo presidente. Para ello se necesita a un hombre bondadoso, excéntrico, original, insolente con la rancia tradición, impetuoso e imprudente. Y en cierta manera valiente, como es Liberto López de la Franca para hacer posible este sueño. De no existir un hombre extravagante, a la vez previsor elegante y de amplia visión de futuro como es Liberto, difícilmente se podrá emprender el largo camino a la reforma.”
Mientras el decreto se hizo efectivo, las  dependencias han sido clausuradas en presencia del Notario Mayor Académico y según el propio decreto, las facultades plenas de poder pasan ahora de facto a  manos de la presidencia del Gran-Canciller, según se lee en el decreto: “el tiempo imprescindible, hasta nombrar un nuevo Consejo General de Gobierno y ser ratificado por el Consejo General Supremo en asamblea plenaria”. Mientras tanto el timón queda en manos de un hombre  de tipo autoritario y férreo al estilo Augusto Pinochet  y a la vez y paradogicamente reformador y democrático del talante Adolfo Suárez para modelar un “Nuevo Estado Académico”.

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