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domingo, 6 de abril de 2014

RETRATO POETICO AL CABALLERO ESPAÑOL LIBERTO LOPEZ DE LA FRANCA



  L I B E R T O

Misterioso y sigiloso, marcha una y otra vez, buscando en las estrellas, eternas rutilantes que iluminan sus pasos firmes e inmortales.

De mirada profunda, hechiza con sus ojos de esmeralda a infantes y reyes, merlines y princesas.

Cuando habla pone paz en las conciencias.
Su heroico aliento encrespa a los huracanados mares de falsarios, judas y pilatos.
Señala con su honor a todos los inicuos, versados muñidores en lavarse sus manos en aguas consagradas de la mentira infame.
Su recia voz resuena en las más altas cumbres.

Aclama su verdad levantando las iras de titanes y mediocres. Deshace con su aliento los fatuos pies de barro, de dioses caducos y mortales.

Es la viva timidez y la altivez unidas.

Ímpetu feroz e insolente frente a la hordas ignaras de la oligarquía absolutista y vendepatria. Capaz de no dejar en pie un ladrillo que no sea humanista. Embajador de las más sublimes luchas, frente a tiranos y traidores.
Sabe y besa a la bondad como aborrece y escupe con vehemencia en su cara a la maldad más perversa.

Impasible, irructible e impávido ante el azote duro de la infamia.
Fiel varón de dolores colmado de injurias y de indolentes traiciones.

General de cien mil soldados son sus libros. Patriarca armado de la inmortal cultura. Almirante glorioso del amor y del deber cumplido. Mariscal de la elegancia más sublime. Príncipe guardián de la fe en sí mismo. César Augusto por mil escultores levantado en broncíneas efigies que yertas aguardan el devenir clamoroso de los tiempos.
Cruzado caballero andante de la esperanza escondida.
Emperador consagrado de la Paz y de la Concordia.
De todos los humildes defensor sin tregua mancillada. Corazón de león regio y alas salvadoras del águila inmortal de Patmos.
Radiantes y sonoras horas de luz las de sus pensamientos más fulgentes, son antorcha viva de sus confinamientos que alumbran como espartano Prometeo sin miedos y lamentos.
Su espada limpia y fuerte sabe guiar la paz de aquellos que cayeron sin ser jamás caídos.
La paciencia es su armadura quijotesca curtida en mil batallas.
Vencedor jamás vencido. Último clamor acaudalado de la voz  Estenaguista. Cabal en la alabanza y duro en la templanza.
Ave fénix de su valor más preciso y ambicioso.
El silencio es su escudo de armas por cuatro heraldos custodiado.

De bondad revestido por la esencia de su amada madre. Cubierta en su recuerdo de lágrimas amargas. ¡Oh grandiosa princesa y dulce Dulcinea de sus mejores sueños! Blasón de sangre inquebrantable, que brilla en su nobleza, de tanto como fue emperatriz y encanto de manchegos, y tantas como hoy están bajo la tierra durmiendo el sueño eterno.

Ser luminoso. Profundo pozo sabio de caudales primorosos.
Hombre adusto,  luz de basta ciencia. Pastor bravo de diez mil leones y tres corderos a su diestra.
Su sangre calatrava acrisoló sus venas en tantas y tantas borrascas azotadas en su vida.
Ciñe en sus sienes laureles deslumbrantes  y espinas en mil victorias coronadas.
Firme sobre roca firme está su trono.
Sirvió con humildad a castas ungidas por arcángeles divinos de dinastía de reyes perdidas en neblinas de aciagas bastardias.
Guardián del regio cetro por Capetos entregado. Su sangre derramada mantuvo a la Corona incólume sin barro de la insidia salpicada.
Parte tempestades con su cayado roto. Abriendo los mares más feroces, sin temblar en él sus manos de oro y cual bello amatista fulgente en su anular por reyes enfundado.
Canta heroicamente a los poetas muertos, para hacer resucitar sus dulces versos épicos dormidos y olvidados en los verdes y esmaltados campos de paz y amor del Edén mejor de nuestros sueños anhelados.
Montado en su Pegaso ansían los malvados derribarlo, y auparlo en Clavileño con escarnio zafio  y sofisma encanallado en vilipendio. Sin ver en él jamás su ocaso deseado.

¡Cabalga ahora arrogante noble y fastuoso joven, cabalga mayestático oh gran amigo mío!
Como un héroe ungido, pues todo no acabado. Derramando tú sangre como Maestre calatravo.
Tu yelmo es el amor, tu capa es tu destino, tu espada un haz brillante, aun con el corazón herido.
El nuevo Cid valiente, por dioses escogido, Quijote ya exultante, tus dos corceles son Babieca y Rocinante.

¡Cabalga libremente! ¡Cabalga calatravo! Hasta que el alba alcance la luz de tu mirada inmortal y penetrante.

¡ ¡Dios te salve Liberto el triunfo es tuyo!!

¡ ¡ Cabalga, cabalga hasta alcanzar el último e inmortal glorioso y merecido eterno horizonte!!

ROMAE, XXIII-VI-MMXIII.
CONMEMORATIONEM XXXIX NATIVITAS TVAS

Octavio Augusto Paz

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