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Liberto

domingo, 6 de abril de 2014

SITUACION ACTUAL DE ESPAÑA





Las actuales y graves circunstancias por las que atraviesa en estos aciagos momentos el pueblo español, implica ciertos deberes que debo y debemos tener en cuenta para llevar a buen fin por el bien común de nuestro orden, paz y prosperidad general. Ahora más que nunca en mi vida, el sentido de la responsabilidad resuena como fuerte y punzante aldabonazo en mi conciencia. Al abrazar en próximas semanas un cargo público, consagrado en espíritu de servicio a nuestra patria, mi corazón me demanda, que he de colocarme en la vanguardia de la que ha venido a ser llamada por mí, como tercera posición. Cierto es, que han sido y son, cientos los ciudadanos que acuden a mi persona, a través no sólo de las redes sociales, sino incluso a pie de calle y ante mi despacho, invocando con dolor, mi ayuda y mediación ante la angustiosa situación personal que viven en nuestros días, frente a la cruel crisis mundial que nos arrastra al cataclismo. En cada caso que se expone ante mi presencia, mi corazón se agita y conmueve, gritando en rebeldía desde lo más hondo de mi ser, dictándome mi conciencia cuenta rigurosa, para ponerme de una definitiva vez en marcha, y ser la voz de los de sin voz, la fuerza de los sin fuerza y el apoyo y brazo fuerte de los caídos.  Ahora, firme sobre roca firme, aun estando yo en este momento sin poderes de decisión política a mi alcance, para dar a nuestro pueblo soluciones efectivas a las circunstancias individuales y colectivas tan necesarias ante la gravedad que vive hoy España. Una a una, se desgranan mil angustias ante mi presencia, atándome las manos, como fuertes eslabones de una pesada cadena de presidio, sin poder darles una solución efectiva, tal  y como yo sólo y humildemente sabría hacerlo. Una y otra vez me veo revocado por los gravísimos acontecimientos que nos circundan, a la impotencia humana, negándome decidida y decisivamente a lavarme las manos, -como hizo Poncio Pilato-, en aguas consagradas de la mentira y la justificación política, tan al día y presente en nuestras cansadas retinas y tímpanos. Políticos de todas las tendencias tan denostados por el soberano pueblo español, los cuales son los culpables primeros y últimos de la situación a la que han conducido a España. Responsables únicos, que habrán de hacer sucumbir en poco tiempo a nuestra amada democracia, y por consiguiente al propio Estado. La clase política española no tiene más interés que el personal y propio, actuación vergonzosa y repugnante de aquellos cobardes, que dan la espalda a España una y otra vez, y la apuñalan como al César haciéndose dueños del poder absoluto y tiránico amparados en la legitimidad de la urnas. Con tal de mantenerse en ese poder a toda costa como dueños y árbitros de la política corrupta de un sistema hoy ya en plena descomposición. Nuestros políticos son esbirros indolentes del poder insaciable del capital y feudalistas del poder político en nuestra patria, que obedecen a dictados tan solo, de disciplinas de muchos poderes que oprimen al pueblo. Los políticos en España son traidores potenciales a nuestra Carta Magna, a su esencia y alma consagrada únicamente al Pueblo Soberano y a la Nación. Los que son escudo de éstos, se han convertido primero en parásitos del Estado, y segundo en sus firmes defensores pues ven peligrar sus privilegiados puestos con la salida de los políticos corruptos del Estado al que esclavizan. A quienes protegen y custodian desde nuestras instituciones a esta casta política corrupta y deleznable, que no tiene más fin último, que el de enriquecerse y olvidarse abyectamente del pueblo al que han de jurado servir ante Dios y ante la historia, serán juzgados por el Pueblo sin piedad alguna.   
En consecuencia, he de revelarme con fuerza y valentía, contra no solo la tiranía capitalista del sistema, si no contra quienes deberían auxiliar desde sus puestos de alta responsabilidad,  -hasta las más críticas coyunturas- a quienes se ven revocados hoy al engaño, a la penuria, y al ostracismo de nuestro sistema democrático y del mismo Estado, puesto ya desde hace tiempo de rodillas.
El pueblo está de nuestro lado, y cuando el pueblo se decide a luchar puede ser invencible. Mientras no descansaré en cumplir la misión encomendada y responder a esta responsabilidad que el pueblo ansia en encontrar, en el camino recto y seguro de su bienestar y felicidad.
Por el contrario hay muchos que con el engaño y el sometimiento, desean hundir a España. Nosotros impondremos la verdad que vale mucho más que todos los contravalores que atentan hoy contra nuestro soberano pueblo español.

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