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martes, 6 de mayo de 2014

SOBRE LA IGLESIA CATOLICA EN ESPAÑA, EL OBISPO DICTADOR Y NEFASTO ALGORA Y SU CORRO DE LAMECULILLOS-BUROCRATAS


El Obispo Algora "ejemplo" de prelado "democratico" y hombre "libre" Lleva impresa la hipocresia y el cinismo hasta en los cristales de sus gafas.






"Vamos camino de una democracia sin moral que nos reconducirá insalvablemente  a una dictadura y vivimos en una iglesia con moralina sin democracia y dictatorial".
Liberto López de la Franca




Una parte de nuestra iglesia católica se encuentra revestida de una esquizofrenia de servicio a dos señores incompatibles, cuando defiende un  sistema oligárquico y jerárquico para el gobierno de  la Iglesia  se defiende con el entusiasmo de los neófitos la democracia política, aunque guarde silencio ante las dictaduras o las violaciones de los derechos humanos, en el continuo doble juego de rechazar la democracia en su seno y defenderla ahora como si ésta fuera creación de la  propia Iglesia es visible a nivel interno con la falta de protagonismo de la mujer en el gobierno de la Iglesia, y la falta, también  a nivel interno de la libertad ideológica.
La gran dificultad para que la Iglesia pueda integrarse en una sociedad democrática parte y procede de esa consideración, extrapolada al ámbito, de que es detentora y la administradora de la Verdad Única con mayúsculas. Con esa filosofía, ejerce una cruenta censura sobre teólogos y creyentes laicos, y  se limitan derechos fundamentales e incluso se incapacita para trabajar como profesor de religión por razones que afectan a la intimidad y que son perfectamente lícitas en la sociedad civil.
Desde esa perspectiva algunos obispos españoles se creen depositarios de verdades  y reclaman como derechos lo que no son sino privilegios, como la modalidad de la enseñanza de la religión en los centros públicos o como la contribución del Estado en la asignación de la Declaración de la Renta. Esto último ha de acabarse cuanto antes y en ello estoy de acuerdo con los ateos, agnósticos,  anticlericalistas y masones.
Este articulo no  trata para responder al hartazgo de continua intromisión eclesiástica, de volver a ese laicismo decimonónico, cargado también de un contenido teológico aunque sea negativo. Trata limpiamente de defender la neutralidad del Estado y del católico de a pie frente a los burócratas deleznables de los palacios episcopales rancios y caducos.  Su carencia de opiniones religiosas, frente a una concepción teológica de la política que pretende imponer el uniformismo frente al pluralismo y el confesionalismo frente a la laicidad legítima y constitucional.

La depauperación  de La iglesia católica en España es evidente,  es francamente hablando ya un hecho.  En una buena parte de las diócesis  el humo de Satanás campea en sus iglesias. Sufre una auto descomposición sistémica, siendo uno de los casos más chirriantes y duros la diócesis de Ciudad Real, convertida ya en bastión de la intolerancia y la dictadura con moralina.
Los orígenes del hundimiento del catolicismo en España y más concretamente en Ciudad Real, vienen de lejos y esta parcela de la iglesia  le debe al obispo marxista Rafael Torija (1976-2003) ese prinicipio de su propio fin, secundado por su sucesor el dictador repugnante obispo Algora.  Sería la nueva y exitosa edición de una dramática película: LAS RATAS SE LANZAN AL MAR.  Y digo se lanzan, pues se arrojarán del barco que arde gracias a sus incendiarias actuaciones.  El desdichado caso de la tragedia de esa diócesis destrozada es consecuencia del tiempo de los tiranos en el ejercicio del poder eclesial. Si, ciertamente es un apocalipsis de la fe traída de la mano infame de los “próceres y eximios muñidores” del marxismo leninismo más solapado y latente. Culpables ante Dios y la historia es el Vicario General Miguel Esparza y –entre otros- el Vicario Judicial Bernardo Torres,  junto a otros nefastos lameculillos y palmeros embajadores de la censura como lo es Miguel Ángel Salinas, pusilánime secretario del “obispo rojo” o el cura Valiente, que de valiente solo tiene su apellido. ¡No pueden llegar estos desgraciados ni más lejos, ni subir más alto y caer más bajo! Tienen vuelta su presencia permanentemente a la mediocridad.
Aunque con algunas diferencias de catalogación a estos curas marxistas desfasados había  que colocarlos en la urna del Museo Arqueológico Eclesiástico Nacional.  En los finales de la década de los sesenta se trataba entonces de una oposición numerosa y aguerrida, que traicionaron al Obispo-Prior Hervás y Benet y a sus antecesores, en conivencia de aquel diabólico de vesania comunista llamado el Nuncio Dadaglio, al cual conocí en Roma cuando era cardenal y apestaba espirituosamente a corrupto.
Hoy son ya estos "curas progres" apenas unos pocos ancianos, esmoñados, retorcidos, jodidos y sin joder que se han dedicado a meter más la pata y las puñaladas traperas a todo el que se movia, que otras cosas… Estos pájaros de cuentas, rastreros, aduladores, vendedores de miedos y jerarcas ignominiosos del clero ciudadrealeño llevan sobre sus espaldas el inmenso fracaso de haber aniquilado el catolicismo piadoso y auténtico de aquella diócesis Priorato de Ciudad Real. Su obra, su éxito, es haberla convertido en un triste solar y calvario sin cruz y con cadavera, situándola como  la más descristianizada de toda España.
Entonces eran jóvenes e influyentes estos zafios. Hoy apenas son ya nadie ni nada. Ni sombra  queda ya de su maldad y villanía eclesial. No hay apenas católicos que les sigan y quienes marchan tras sus ajadas banderas son sobre todo declarados enemigos de la Iglesia auténtica de Jesucristo. Y tampoco son seguidores suyos sino más bien ellos participes del miedo de la voz de su "amo" en  los propósitos antieclesiales de quienes no quieren saber nada de las raíces cristianas de Ciudad Real, a la cual asistirán a su propio entierro y al de su obispo nefasto y sectario. Colocándole las ramas espinosas de la corona trenzada por ellos mismos, sobre la lapida triste y funeraria a su obispo sin báculo y si con tridente, aunque sea de Magefresa. Leyéndose entre vergüenza y como aclamaba con autoridad moral -de la de verdad- Unamuno, sabiendo besar con amor a Jesús y escupiendo con ira en la cara al fariseo:
ANTONIO ALGORA HERNANDO
OBISPO ROJO ES SU MOTE
CON MAJEZA DE HOTENTOTE
PROPIA DE SU MALA FE, DE OBISPO  BARRIDO FUE
PARA PERPETUA MEMORIA
SIN QUE SU REPUGNANTE “GLORIA”
SE RECUERDE EN CIUDAD REAL
                                  PUES SU NECIO PEDESTAL LO RECHAZARÁ LA HISTORIA

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