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lunes, 21 de abril de 2014

Entrevistamos a Don Liberto López de la Franca, Gran-Canciller Presidente del Real Instituto Alfonso XIII






"Por el bien de la monarquía, hay que remover a todos los inútiles diplomáticos aduladores y políticos burócratas con nomina en Zarzuela"

Madrid  03.03.2013     08:00

Liberto López de la Franca, respetado y conocido popularmente por su aparición en algunos programas destacados de televisión, es historiador, humanista, escritor, y uno de los más reconocidos expertos sobre Alfonso XIII y su época. Conocedor minucioso de la historia de las dinastías y experto en Protocolo Real en todos sus órdenes. Su labor al frente de la jefatura de la Casa Borbón Austria ha sido reconocida en todos los ámbitos de la nobleza y la realeza. Tiene una firme reputación de hombre enteramente reformista y organizador soberbio e inesperado a todas luces. Impacta por su arrolladora personalidad y se identifica publicamente en como ejerce su magisterio, y muy especialmente en el desempeño de la autoridad en sus puestos de responsabilidad con tranquila -siempre- revestido de impavidez y glacial seguridad. Como administrador es un nato perfeccionista abrumadoramente metódico y rígido.  En la actualidad es Gran-Canciller Presidente del Real Instituto Alfonso XIII. Ante la convulsa situación que está pasando la monarquía en nuestro país en estos momentos, hemos querido acercarnos a Don Liberto López de la Franca para que como experto en la materia nos dé su opinión sobre este y otros asuntos monárquicos


¿Cómo se definiría ideológicamente Liberto López de la Franca?
Mis ideas se basan en un espíritu liberal reformista y netamente justicialista. Idealista “excéntricamente” de centro. Me considero ciertamente monárquico constitucionalista y hombre de espíritu libre.


¿Se proclama usted monárquico en los tiempos que corren tan adversos contra la monarquía?
Ser monárquico no se aprende ni se proclama. Se comprende y se siente. Por eso es convicción de fe. Es la fe popular de siglos en torno a una causa de esperanza que hoy falta en nuestra patria. Soy monárquico ahora más que nunca, por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal y apasionada fraternidad y gratitud a mi pueblo. Vivificado y actuante por el renacimiento de la libertad y la democracia de sus valores y la capacidad realizadora de conciliación nacional canalizada por Su Majestad el Rey Don Juan Carlos con ayuda inseparable de su pueblo.

Entiendo que es usted un convencido monárquico y defensor de la monarquía como sistema de estado.
La monarquía debe ser siempre una institución, independiente, apolítica, neutral, transparente y honrada. Yo al igual que Salvador Dalí, soy declaradamente monárquico. No solo por la “GRACIA DE DIOS” –como él genialmente confesaba- si no también por la lógica del pensamiento del hombre libre y luchador ante la historia. Como el ácido desoxirribonucleico que es el alfa de todo lo existente, pues desde la primera molécula que Dios creó, hasta la última, que está creándose, todo se trasmite monárquicamente y genéticamente a través del ácido desoxirribonucleico.
O sea, que la monarquía, no es una idea política, es la ética y sobre todo una metafísica. La cual está y estará muy por encima de cualquier política por muy limpia y justa que esta se autoproclame.


¿No cree usted que el sistema parlamentario monárquico actual sea en definitiva una república coronada?
No ni mucho menos. Nuestra monarquía nada tiene que ver ni con el último reinado que fue fraudulentamente e ilegítimamente suspendido por coacciones a Don Alfonso XIII aquel 14 de abril de 1931. Ni con la monarquía que trató frenéticamente Don Juan III de restaurar en la entonces España de Franco desde 1941 hasta su renuncia a sus derechos dinásticos en 1977 en la España de su hijo. Nuestra actual monarquía inicialmente instaurada en 1975, siendo refrendada en 1978 y definitivamente consagrada en 1981, y asentada en 1992 en servicio único y permanente al pueblo español. Antes de disertar sobre este confuso tema, convendría definir con honestidad que es monarquía y que es república. Nos llevaría mucho tiempo para ello. La prueba incontestable es que todos los partidos políticos los más diversos y antagónicos caben dentro de una monarquía. Distinto es que ninguna monarquía o partidos pro monárquicos jamás caben dentro de ninguna república. La república siempre es sectaria, excluyente e inclemente hacia su adversaria de estado. La monarquía siempre es integradora por su esencia, es tolerante y generosamente respetuosa con las ideas conceptos, preceptos y partidos republicanos abrigándolas e incorporándolas en su propio sistema parlamentario.