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viernes, 8 de abril de 2016

DON ADOLFO ARENAS CASTILLO, EL EGREGIO GUARDIÁN DE LA MEMORIA DEL INMARCESIBLE ESCULTOR ANTONIO CASTILLO LASTRUCCI






















Nace en Sevilla,  en 1943,  justamente en el año en que su abuelo sacaba del barro obras inmortales como el Descendimiento de Badajoz. Un hombre de su época que quiere pasar de un salto a la siguiente época entre la sorpresa y la admiración por lo que viene. No le teme a lo que viene. Paladea la nostalgia como un dulce.  Ama la lealtad. Se muere por  Sevilla como enamorado sin amada. Pero para Buena Muerte  su Cristo y para Virgen, su Hiniesta, con los que habla a diario en el rincón más íntimo de su casa, mientras el sol acaricia tímidamente cada tarde la ciudad de los sentidos.













Pocas veces puede uno encontrarse con hombres en el sentido más limpio y amplio de la palabra, como lo es el nieto del gran Castillo Lastrucci, que lleva en sus gentes la nobleza y la honestidad  revestida del estado puro de la bondad. Perfecto y brillante orador y comunicador, culto hasta embriagar, afectuoso, cortés y magnánimo caballero sevillano de pro, sentado majestuosamente y humildemente en la cátedra de la sabiduría otorgada a propio pulso por la edad, como honorable costalero de la vida.  En sus ojos cansados, palpita todavía el eco de las generaciones aclamando a tan laureado e insigne artífice sevillano. Espadachín de la palabra, escultor perfecto de sentimientos  que lo destacan como respetado príncipe de la limpia, pura  y esplendorosa vieja escuela de la abogacía española. A don Adolfo le cae como anillo al dedo aquel fandango de Huelva, cantado por la Jurado que decía; “Tengo mis manos vacías de tanto dar sin tener, pero estas manos son mías y mi conciencia también”.



¿Puede contarnos los orígenes de la familia sevillana de Casillo Lastrucci?
Bien. Mi abuelo Antonio Castillo Lastrucci, nace en la Alameda de Hércules  en una zona muy entrañable de Sevilla, más concretamente en la calle del Peral –hoy Antonio Susillo-  allí había una tienda-fábrica de sombreros de grandes dimensiones, y esa industria pertenecía a mi bisabuelo. Allí nace Castillo así como  sus hermanos, vive sus primeros años de juventud, añorando y jugando a los toros, en la época del regeneracionismo español durante regencia de María Cristina. Frente a su casa  tenía su estudio el gran escultor Antonio Susillo, circunstancia que fue la piedra de toque  para él con las artes.



Hay una discordancia con la fecha de nacimiento de su abuelo ¿Cuando nace realmente  Castillo Lastrucci?
Unos dicen que nació el 27 de febrero de 1882 y en el DNI reza  12 de febrero de 1890. Yo apostaría desde ahora sin miedo a equivocarme que la fecha exacta es la del su carné de identidad.



¿Quiénes para usted Antonio Castillo Lastrucci?
Bueno, fundamentalmente fue la persona que me crio y educó junto a mi padre. Yo tuve la desgracia de perder a mi madre siendo muy niño –con dos años- mi abuelo y mi abuela fueron mis padres y la figura paterno-materna yo la identificaba con mi abuelo. La figura de mi Castillo Lastrucci es la de mi padre en grande. Después como hombre era  magnifico, sencillo, extraordinario, todo corazón. ¡Qué voy a decir si soy su nieto! ¿Cómo artista? Era una caja de sorpresas pues de un trozo de barro en un rato hacia lo mismo  un grupo taurino que un misterio procesional o el rostro de una mujer.
¿Quién fue verdaderamente el maestro de Castillo?
Él bebió de muchas fuentes, era un hombre inicialmente autodidacta, ciertamente realizó estudios, junto a Bilbao, Francisco Marco. Fue gran amigo de don Mariano Benlliure. Pero su maestro inicial fue Antonio Susillo. Por cierto cuando Susillo murió trágicamente,  Castillo Lastrucci sacó la mascarilla de su maestro muerto a petición de Coullaut-Valera, al verse este muy afectado e incapacitado para ello. Y mi abuelo lo hizo y en presencia de don Lorenzo Coullaut-Valera.

¿Cómo era físicamente Castillo Lastrucci?
Era un hombre bajito, no era muy alto, media 1.73, fuerte y fornido. No olvide que sus principios habían sido de torero. No practicaba deportes pero trabajaba con peso con las maderas. Tenía un pequeño bigotito, de frente despejada sin ser calvo. En su momento podía ser considerado muy atractivo. Siempre utilizo sombrero y en estudio boina.

¿Cómo era esa lucha de Castillo con el barro la gubia y el mazo?
El desbastar no lo hacia él. Era sus alumnos quien bajo su dirección  atendían  sus apreciaciones. Era prodigioso contemplar a este escultor a golpe de gubia. En el barro me gustaba verlo, era una lucha titánica. Aprendió a modelar con soltura magistral de su maestro Antonio Susillo llamado acertadamente “El Dios del barro”. Y puedo decirte que donde se veía en esencia pura a Castillo  como escultor era modelando.


¿Cómo era espiritualmente?
Un hombre profundamente religioso, empapado de fe. Puedo contar como anécdota, como sabes alguna vez las personas sufrimos alguna crisis fuerte. A él le ocurrió algo parecido y un día nos dio un susto pues estábamos todos preocupados en casa porque se había ido por la mañana y no regresó a su hora habitual. Lo habíamos visto días antes deprimido. Todos estuvimos buscándolo, y al final lo encontramos en el sagrario de la iglesia de San Lorenzo, allí estaba sentado sosegado, en paz, rezando. Él a vernos se quedó tremendamente sorprendido de ver que nosotros nos habíamos preocupado por él, y nos dijo con serenidad; “!Llevo aquí con el Señó todo el día!” Antonio Castillo Lastrucci procuraba hacer el bien y así lo hacía. ¡Era un hombre que uno podía darle la espalda sin temor alguno!

¿Fue  Lastrucci el inventor del movimiento y la expresividad cofrade en los pasos de misterio?
En Sevilla yo creo que sí. Puso en pie la teatralidad y movimiento, con ropajes que se mueven, pebeteros, cuerdas, y otras cosas. De eso hay mucho que exponer

¿Cuántos hijos tuvo Antonio Castillo Lastrucci?
Fueron siete; mis tíos Antonio, Manuel, Amalia, Rosa, Conchita, Amparo, Pepe.

¿Cuándo hace su incursión su abuelo en el mundo cofrade?
En los años veinte en Sevilla, aunque hizo algo antes  para Málaga. Fue aquí en Sevilla donde comenzó con el misterio de Jesús ante Anás.

¿Qué percibe don Adolfo cuando se acerca ante cualquier obra de su Castillo Lastrucci que recibe culto?


Todas esas obras yo las he visto crearlas. Se dará cuenta que tengo cierta familiaridad con ellas, me permito la frivolidad de tutearlas. Estas imágenes de cristos y de vírgenes, las cuales he visto crear por mi abuelo, he sido testigo directo de cómo han salido de la nada, desde el barro hasta  la “divina madera”. Ante todo percibo familiaridad.

 ¿Policromaba él mismo sus propias imágenes?
Si claro, siempre. Tenía técnicas muy peculiares.


¿Se emociona usted al contemplar a cualquier  devoto rezar ante una imagen de su abuelo?
Me emociona y mucho el hecho de ver que él ha sido capaz de mover esa catequesis tan impresionante. El presenciar que miles de personas fijan su atención y oración en sus obras !Naturalmente es algo de lo que no me puede privar nadie!


¿Se le alza el apellido Castillo?
Me siento tremendamente orgulloso en todos los sentidos cuando escucho mencionar a mi abuelo. Algo de esto corre por mi sangre y la sangre de mis hijos.

La obra de Castillo Lastrucci es reconocible entre la totalidad de la nómina de los escultores españoles por su originalidad y sello característico. ¿Cómo reconoce usted una obra de él?
Me permite que le diga que instintivamente. ¡Casi las huelo! Tengo tanta familiaridad con la obra de mi abuelo que al pasar  a una iglesia o a un museo, y sin llegar a la firma  acierto en la autoría. Incluso cuando en alguna obra antigua esta su mano. Sus obras hablan por sí solas; por el entrecejo, por la forma de la boca, por el ovalo de la cara, por la nariz, por la forma de la frente, por las manos. Tenía un sello muy particular, entonces identifico  de inmediato sus obras. A mí no se me escapa una obra de él.



¿Cree usted  que está suficientemente reconocida la memoria de Castillo Lastrucci?





Yo creo, por aquello de que las personas, que de alguna forma conocemos la historia somos conscientes de que es la propia historia la que precisa del tiempo necesario para dar a cada uno lo suyo. Eso requiere su tiempo. A mi juicio la historia no tiene prisa, la historia tiene su reloj que no va con el reloj de los hombres. Se mueve con “otros tiempos”. Hay que darle tiempo  al tiempo de la historia. Es urgente esperar, por lo tanto hay que esperar.


¿Qué grado de amistad tenia Castillo Lastrucci y Antonio Illanes?







Eran muy amigos, tomaban café casi todos los días el “Petit Café” en la Plaza del Duque. Tengo una curiosa fotografía de ambos en un lugar cubierto y cubiertos con sobreros




Castillo fue el primer creador de la Escuela Oficial de Imaginería en España. ¿Cómo fue esta innovación?
El funda esta academia de grado medio en la Plaza de San Lorenzo,  justamente donde está hoy la Basílica del Señor del Gran Poder, en una casa Palacio donde crea una gran escuela de imaginería. Al parecer es la primera que se erige nada más terminar la guerra civil. Por lo tanto Castillo Lastrucci se pone en la vanguardia del regeneracionismo imaginero en el siglo XX, prueba de ello es la cantidad de alumnos que salen de esa escuela.

Castillo Lastrucci fue considerado como uno de los “Santos Padres” del arte sevillano. ¿Lo es hoy para usted?
Sin duda alguna. Él forma parte del elenco de los grandes escultores de su época.

¿Qué le supone a usted ver a diario sus propios apellidos en una de las calles más céntricas de Sevilla como la del Imaginero Castillo Lastrucci?
¡Me siento como si fuera mía! De alguna manera pisar y pasar por esa emblemática calle donde está el nombre de mi abuelo, me hace pensar y sentir su ausencia y a la vez su presencia. Y digo en mi interior, ¡Qué pena que no esté conmigo para hacer algún chiste al contemplar su nombre en la antigua calle del Rosal por la que pasó infinidad de veces!

¿Qué recuerda usted de su abuelo mientras tallaba?

¡Muchas cosas muchas, muchas! He visto nacer tanto, es como un ginecólogo, o al menos como el espectador permanente de un ginecólogo. ¡He visto nacer a tantas vírgenes, crucificados, nazarenos, tantos personajes, retratos. Lo he visto policromar  con tal perfeccionismo. Una fuerza de creación de poder descomunal imparable.

¿Qué tal era como escultor taurino?
¡Muy bueno! Era un gran aficionado de los toros y admirador de Joselíto  y luego de Belmonte. Tiene obras fantásticas. Había visto miles de toros al natural.

¿Qué mantiene usted en su memoria de aquel triste y lejano 29 de noviembre de 1967?

¡Fue un día muy duro! El muere por la noche de una insuficiencia cardio respiratoria.
La víspera de su muerte, yo había estado en su habitación  donde él trabajaba normalmente, y vi cómo le dio los últimos retoques a un niño Jesús en madera que estaba haciendo para la hermandad del Gran Poder. Me acuerdo  verlo con un papel de lija cogido entre los dedos, estaba dando blanduras a esta obra. Eso es lo último que él estaba haciendo a las ocho y media de la noche del 29, que fue la última vez que yo lo vi con vida. Murió tranquilo en su cama dormido, se quedó dormido y dormido siguió.

¿Y la memorable fecha de 9 de noviembre de 1993?

Para nosotros el traslado de sus restos mortales desde el cementerio  hasta su nueva ubicación en la Iglesia de San Julián, fue algo muy importante. Era un deseo de la Hermandad de la Hiniesta trasladar sus restos  del camposanto al templo para que reposaran allí definitivamente. Fue entonces cuando donamos la Piedad, obra suya para que bajo la misma descansara su cuerpo definitivamente.

¿Era tímido Castillo Lastrucci?
¡Mucho! Demasiado.

¿Por qué?
Tímido o introvertido o introvertido tímido. Él no era un hombre parlanchín, era más bien reservado

¿Era sencillo?
-Totalmente, muy sencillo, tremendamente sencillo en todo.

¿Era supersticioso?
Muchísimo. Él jamás hubiera tallado en madera de ciprés. Le tenía  temor o miedo al ciprés

¿Tenía miedo a la muerte?
-Muchísimo. No se podía hablar de la muerte.

Se dice de Antonio Castillo Lastrucci que en su juventud era algo distraído con las mujeres. ¿Es cierto?
-¡Ufff mucho! Eso pude explicarse. Fue todo un galán y un romancero sevillano. Era muy caballero y muy enamoradizo. El no concebía pasar por el lado de una dama sin hacer un ligero saludo con la mascota o descubriéndose. Yo me acuerdo verlo ceder el sitio o la derecha a las señoras.

¿Es verdad que en 1936 el general Queipo de Llano ordenó bajar a la Esperanza Macarena para que Castillo hiciera una copia en escayola por miedo que hubiera cualquier contratiempo contra esta imagen?


Si es verdad, es verdad. Hace un par de años he tenido el honor de donar a la hermandad de la Macarena esta copia.


¿Y se parecía?
¡Como dos gotas de agua! Era sacada de puntos. Yo recuerdo  que él recibía visita en los años cuarenta de los que dirigían la hermandad en aquella época, para que destruyera la copia, y él se negó hacerlo, alegando que era suya. Pero nunca la destruyó. Actualmente está conservada  en el museo de la Macarena.





Veo que lleva usted muy profundamente en su interior a su abuelo. ¿Tanto le ha marcado en su vida?

¡Como un padre puede marcar a un hijo! Y conforme pasan los años uno se da cuenta que la figura del padre se engrandece. Le damos todo su verdadero y auténtico valor cuando desaparece  físicamente. Y a mí pues, por días se engrandece la figura de mi abuelo y conforme mayor vaya siendo, más aun.  Si dentro de cinco años, Dios me da la oportunidad de poder contestar otra vez a preguntas de usted, notara usted que  la admiración por mi abuelo, será mayor que la que tengo ahora, porque yo también seré mayor. ¿Qué menos puedo hacer por un hombre al que le debo tanto? Llevo en mi corazón a mi abuelo como también a sus dos imágenes tan queridas por él y que son para mi referentes en mi vida con solemnidad y esperanza; Buena Muerte e Hiniesta.






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