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martes, 5 de abril de 2016

JOSE LIBERTO LOPEZ DE LA FRANCA ABANDONA CIUDAD REAL




No sé porque a veces se hace necesario explicar, aún en este umbral del siglo XXI y en una sociedad como la nuestra, el porqué de la amistad y de la estima que tenemos por cierta persona, por cierto amigo.
Pensamos que no debería ser así. Esquilo en Las Troianas estima que los dioses deberían poner certeras palabras tan sólo en la boca de los justos. Pero si así fuera, si la verdad resultara siempre manifiesta e inútiles las habladurías, cuando no las maledicencias, el nuestro resultaría ser un mundo perfecto, ideal. Y no lo es.
Vayan pues estas palabras mías hacia la figura de un joven amigo, José Liberto López de la Franca y Gallego.
Le conocí exactamente hace quince años. Ese día yo estaba en Ciudad Real consultando datos, y coincidí con Pepe en la misma faena. Él estaba documentándose sobre el doctor Estenaga, estudio en el que no cejaría nunca en profundizar. Era un adolescente delgado y de orejas de vela –bastante diferente del hombre que es ahora- pero ya entonces lleno de ilusiones. Tenía casi un fuego interior que le empujaba a la búsqueda. Búsqueda de todo y sobre todo de conocimiento. Me resultó simpático por sus maneras abiertas y directas, por mostrarse tan natural y sin complejos; completamente diferente a la mayoría de jóvenes: retraídos, vacíos, tímidos inseguros…
Con el tiempo aquella simpatía inicial se trasformó y forjó en amistad. Fue una amistad que Pepe desde luego supo conquistarse con amabilidad, con su generosa disposición siempre para con los amigos y no amigos. Con esa alegría de vivir que destella en sus ojos verdosos y que nos contagia a los demás.
Daba la impresión que necesitaba lanzarse a la vida, casi por un exceso de entusiasmo por todas las cosas. Y empezó a interesarse por todo y el todo era  entonces su entorno: por encima de todo era Ciudad Real, provincia y región.








Infatigablemente luchó por sus monumentos, pateando la ciudad y rescatando lo poco que aún quedaba de su historia. De esos edificios que encierran el alma autentica de una metrópoli, que le dan carácter y casi siempre están descuidando, cuando no destruyendo con tanta insensibilidad.
Hizo descubrimientos arqueológicos, arquitectónicos, paseó a personajes de allí para allá, para tratar de salvar lo que luego no interesó salvar a las autoridades (Palacete de los Poblador, Palacio de Belmonte en la calle Real, Casa de los Tres Arcos, etc…) escribió, denunció, luchó, impartió conferencias sobre el patrimonio histórico destruido de la ciudad, esos edificios y entornos singulares. Presionó a las autoridades exhortando a las mismas a que protegieran y restaurasen los últimos edificios que aun subsistían en la capital de La Mancha, en pos de salvaguardar lo que él llamaba “restos del naufragio del holocausto patrimonial”. Ante aquella lucha desigual, permanente y feroz ¡fracasó!
Estenagista de vocación por esencia, remanencia y por potencia. Siente pasión humana y casi divina de alguien llamado Narciso de Estenaga y Echevarría –el Picco della Mirandola del siglo XX- .
Se entusiasma, palpita y emociona cuando habla con profundo conocimiento y con una cultura general seria, solvente y cautivadora para su interlocutor, sobre la biografias de personajes como; Unamuno, Marañón, Ortega y Gasset, Juan Pablo I, Cardenal Richelieu, el Cid Campeador, Miguel Fleta, Santa Teresa de Jesús, Jorge Luis Borges, Josep Plá, Dalí, Nelson Mandela, Umberto Ecco, Tomás Moro, Francisco de Asís, Giordiano Bruno, Savonarola, Tomás Becket, Lucio Quincio Cincinato, Nietzche, San Juan de la Cruz, Evita, Juan Domingo Perón, Benlliure, Coullaut-Valera, Dr. Ara, Catalina la Grande, Joaquín Soler-Serrano, D´Ors, Bismark, Nyjinsky, Yáñez de la Almedina, Benjamín Palencia, Hildenburg, Velazquez, Guillermo II, Cervantes, Aniceto Marinas, Giovanni Picco della Mirándola, Paracelso, los Papas Borgia, Leonardo da Vinci, Juan Romero de Figueroa, Garcia Lorca, Napoleón, Sorolla, Ciro el Grande, Alejando Magno, Baltasar Gracián, Carlos Baudelaire y Alfonso XIII entre cientos de vidas que no se escapan a su entendimiento, sabiduría y conocimiento.
López de la Franca defiende su tesis, manteniendo que: “… la historia de la humanidad es pura y dura biografía. La historia la hacen exclusivamente los hombres; lo seres humanos…”  Su ambiciosa convicción es inamovible cuando asevera que: “…para ser un solvente historiador, antes ha de ser propiamente un eficaz investigador y un devorador innato de biografías…”.  Aconseja a todos la frase de Plinio: “Las almas inmortales de algunos muertos, hablan en las bibliotecas o En las bibliotecas hablan las almas inmortales de los muertos”   Viene al hilo -según siempre me dice- el inquietante consejo de Baltasar Gracián, que según interpretación de Liberto López de la Franca, piensa que:“…una de las reglas que tuvo Gracián en El Discreto para serlo, fue dedicar varias horas al día a estar en contacto con los muertos. En este contacto con los muertos es estar en contacto con libros y documentos antiguos. Eso de que una Carta Puebla te resulte familiar, eso de que una Bula Pontificia del siglo XIV por ejemplo de Juan XXII te resulte familiar, o cualquier otro códice. Esto tiene un encanto extraordinario, es decir es un contacto supremo de conexión directa con el pasado”. De igual modo siempre me refiere nuestro historiador-biógrafo una estremecedora sentencia de Quevedo: “Escucho con mis ojos a los muertos. Si quieres ser, tienes que vivir mucho tiempo con los muertos”.
Él ya en sí,  es un auténtico y único personaje. Por su vida han pasado las más destacadas y grandes personalidades de todas las tendencias, clases sociales, profesionales y de estado, sin dejar a ninguno  indiferente.  
Quienes le conocemos auténticamente, avivamos su perfil de joven de mirada limpia, de persona cercana y de una cultura seria, accesible, con una gran autoridad, con una encauzada rebeldía, pues es un fiero contestatario, inconformista, exigente, desconfiado, humano, alegre y buen diplomático, sencillo, humilde, sereno, sincero, audaz, tenaz, estratega, intuitivo, extravagante, elegantísimo, educadísimo, perfecto imitador, comprensivo  y muy coherente.
Sobre todo preocupado siempre por los suyos. Resultando en definitiva algo muy importante en López de la Franca, no creyendo faltar a la verdad, pues es cierto que tiene una sobrecogedora capacidad oratoria y persuasiva muy considerable. Yo diría abrumadora. Con una inteligencia excepcional.
Sabe sutilmente tender elegantemente las manos a todos sin distinción de clases. ¡Sobre todo eso sin distinción de clases!
Sus únicas lealtades hoy son; la libertad, la cultura y la justicia.
López de la Franca es ejemplo de capacidad, de relación cortés y diplomacia plena. Y a la vez de firme y limpia oposición con sus adversarios, donde descansan siempre sentimientos desinteresados. Frente a sus enemigos, empuña y alarga la espada de su insolencia más hiriente.
Conocedor perfecto de la Santa Iglesia Prioral Basílica Catedral de las Órdenes Militares, así como de su Patrona Nuestra Señora del Prado, por la que siente devoción, piedad y una fe inquebrantable. Buen prologuista y mejor coleccionista de "causas nobles”. Ejemplo claro y evidente en el caso de los personajes condenados por las autoridades al ostracismo como el gran pintor luminista Ángel Andrade Blázquez, el general Espartero, el pedagogo José Castillejo, Lorezo Luzuriaga…
Reivindicador incansable de la memoria maltratada y olvidada ingratamente de los profesores José Balcázar, Emilio Bernabéu, el poliglota humanista y traductor Juan del Álamo y del Álamo, el magistral Mugueta, el charlista Federico García Sanchíz, o de los hermanos Manuel y César Romero Sánchez-Herrera. Le honra su elegante y justísima defensa del más que olvidado primer alcalde del Ciudad Real republicano Don Fernando Piñuela Romero.
También han estado en su mente, labios y corazón el político Daniel Mondéjar Fúnez, el Dr. Mulleras, Monseñor Gómez-Rico, Monseñor José Jiménez Manzanares, el canónigo Tomás Malagón, el Doctoral Barberena o ingenieros de renombre internacional como Don Mónico Sánchez Moreno. Le duele profundamente la desidia de Ciudad Real para con Espartero –por no tener una simple calle en la capital- al igual que el literato Gabriel Miró, pues allí vivió su infancia. Así como el hiriente y vergonzoso olvido permanente del diseñador Manuel Piña, del cineasta Pedro Almodóvar y del mito del cine universal Sara Montiel, el pintor Gregorio Prieto, el fotógrafo Alfonso, o el creador enrique Alarcón. Con harta razón decía: ¡…Hay que ejercer la capitalidad, y debe ser ya…! Refiriéndose a la inexcusable e indemorable incorporación en el callejero humano de Ciudad Real, de estos personajes históricos nacidos en el siglo XX en nuestra provincia, hoy de fama y proyección mundial. En contraposición con otras poblaciones o capitales de provincia que han erigido rotulado, situado e inaugurado en su propio callejero a todos estos y muchísimos más pues la lista que nos demanda  José Liberto es amplia.
Buen escritor, biógrafo e historiador meticuloso, perfecto y cabal conocedor de la monarquía y experto único en los Borbones. Hizo un estudio severo y nítido superando cualquier tesis, sobre un tema tan delicado como la guerra civil en Ciudad Real. Tratando con responsabilidad la etapa bélica y la funesta represión al término de la misma.
Especialista historiador-biógrafo con amor cofrade. Es conocedor del origen, circunstancias, vicisitudes humanas y artísticas acerca de la vida y obra de los escultores-imagineros Rausell y Lloréns, Castillo Lastrucci, Antonio Illanes, Claudio Rius, Luis Marco Pérez.
Sus libros, sus hipótesis, teorías, su metodología, su don perspicaz como investigador y su asombrosa memoria. ¡La más brillante y descomunal memoria que yo jamás he conocido! Maneja y se desenvuelve ante cualquier tema sin complicaciones y tan a la mano, con fechas, nombres, hechos, efemérides, lugares y todo tipo de referencias a las mil maravillas.
Con afectuosa atención, veneración y respeto, se acercó desde niño a un gran hombre, tan abierto, sabio, elocuente, grandioso y sin parangón como era don Eduardo Matos Barrio, para el que se empeñó en conseguir el reconocimiento corporativo unánime por aclamación del pueblo. Revistiéndolo del título honorabilisimo de  Ciudadano Ejemplar de Ciudad Real, una magna exposición (hasta hoy la más visitada en la historia de esa capital), un libro con su vida y obra, un monumento, una placa en la casa donde vivió y tantas otras buenas cosas. José Liberto, atendió a su maestro hasta la hora de su propia muerte con inquebrantable afecto y devoción. Él le cerró sus ojos. Había que preguntarse qué hubiese sido de Eduardo Matos, sin la consagración de López de la Franca. Cuando hoy  Eduardo está considerado como uno de los fotógrafos más representativos de España en proyección y dimensión internacional.
Pero no es menos cierto que José Liberto, nuestro gran amigo, se había convertido en un obstáculo para “muchos” y una persona que sobresalía por sus propios y sobrados méritos. El hombre de confianza del profesor Matos, quien siempre le había sido fiel. El menos ambicioso y siempre leal López de la Franca, era realmente un "estorbo” para aquellos que el propio Pepe, dejó en virulenta evidencia, ante las funestas incapacidades e irresponsabilidades de los que detentan hoy el poder temporal y a la vez pasajero.Ni más ni menos.
José Liberto no interesa en Ciudad Real a cualquier precio. Y quien quiera, sepa o pueda, que nos demuestre lo contrario.
Nuestro ínclito José Liberto, se enfrentó abiertamente más de una vez con todas las “autoridades” oficiales, valientemente, al descubierto y con un valor e impavidez elocuente y sin medir las consecuencias de sus "hazañas" pro ciudadrealeñas.
Incluso sin desempeñar él ningún cargo o puesto institucional. Acto de honradez extrema, loable y de aplauso por su valentía y estilo. Sin duda, todo francamente meritorio y a la vez de verse en esos actos de lucha sin parangón, un gran ejemplo, que en definitiva es donde reside y radica la fuerte naturaleza de su magistral autoridad.
En él nunca hubo ni anidó la cobardía. Y siempre que afrontó esa lucha fue dando la cara, empujado tan solo por su desmedido amor a Ciudad Real, por querer conservar esas viejas y mudas piedras de su maltrecho patrimonio histórico artístico y cultural. Esos edificios y entornos únicos y singulares, que son las esencias y lo más auténtico y venerado de la ciudad. Trozos sacrosantos que encierran la historia viva del alma de un pueblo firme y decisivo en la inseparable historia local y nacional de España.
Pero, no solo no se le ha hecho caso, sino que se trató casi como a un enemigo público, injuriándolo, calumniándolo y difamándolo canallescamente. Volviéndose a repetir  la antigua y libertadora historia de Casandra y la de Juan el Bautista, predicando en el desierto…  
En contrapunto para hacer justicia, como paradigma y como suprema ironía, sorprendería a muchos conocer la amplia lista de grandes, buenos y poderosos e influyentes amigos con la que López de la Franca cuenta en toda España y fuera de ella. Para mayor sonrojo y lamentación de todos, siempre fue más valorado fuera de Ciudad Real que dentro de la misma, la cual lo vio nacer, vivir, amar y crecer.
Su gran cuenta pendiente aún por saldar es su Imperial Real y Pontificia Hermandad de la Santa Espina, y su veneradísima y preciosa imagen titular María Santísima Reina de los Mártires y Madre de la Iglesia, así como su futuro titular Nuestro Padre Jesús de los Reyes en su Soberano Poder. ¡Algún día y no tardando veremos a esa Hermandad desfilando en estación de penitencia por las arterias de Ciudad Real!
Su ilusión y “obsesión” fue la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Ciudad Real. Renunció a ella con amargor y misterio.
Ahora, frente a la incomprensión de todos, José Liberto López de la Franca, abandona con toda dignidad la ciudad definitivamente. Entreabre la puerta de su adiós con dolor y esperanza, pero sobretodo con decoro y elegancia, después de la "reconciliación" con quienes fueron sus más encarnizados enemigos.
Su pasaporte de salida lo ha recogido sereno e impetuosamente, con un lema cincelado con lágrimas en silencio y sangre fructífera; “El Perdón, el Amor y la Verdad”.
Habría que preguntarse ¿Quién gana, quien pierde? Él tiene su empuje, su vitalidad, su juventud, su alegría, su generosa entrega hacia la vida misma que le llevan hacia un futuro prometedor, mejor dicho; bastante prometedor, también pleno de sacrificios y nuevas luchas. Él es un contumaz guerrero de la vida y un luchador que corre y fluye en sus acristaladas venas sangre calatrava.
La ciudad tendrá una voz menos, un entusiasmo menos, un amigo menos, un valor perdido, y sobre todo la total ausencia de su último valedor y legitimo defensor.
En definitiva un autoexiliado en hipérbole. Para nosotros solo sentir en nuestro corazón y conciencia personal y colectiva, lamentación, tristeza y vergüenza por su propio exilio.



Gianna Prodan de García Donaire.





Publicado en el diario EL DÍA DE CIUDAD REAL,  5 y 6 de abril de 2003



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