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lunes, 11 de abril de 2016

Sede Vacante



El pasado día 8 de abril a las 12.02 minutos de la mañana, tal y como pronostiqué el día 1 de abril en mi blog LA LEÑA –justo una semana antes de su promulgación- fue hecho público el nombramiento del nuevo Obispo de Ciudad Real, Prior de las Órdenes Militares Españolas,
Era elegido entre el episcopado español, para el Obispado-Priorato, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Don Gerardo Melgar Viciosa, Obispo de Osma-Soria. Al mismo tiempo de su elección y preconización, el Papa Francisco, aceptaba la renuncia a la sede Prioral y nombraba al hasta ese instante Obispo-Prior Antonio Algora, Administrador Apostólico de la Diócesis-Priorato, hasta la toma de posesión del nuevo prelado. Quedando desde ese momento el obispo Algora,  ya como obispo emérito.


Por lo que la sede episcopal de Ciudad Real quedaba automáticamente constituida en Sede Vacante.


Ya en el año 2003 me comprometí en redactar un artículo minucioso sobre las vacantes habidas durante la amplia historia de la Diócesis-Priorato. Espero abordarlo muy pronto, para el conocimiento y divulgación general, en un escrito monográfico respecto  a este interesante tema.
Lo que si  voy a abordar es en sí, sobre la cátedra episcopal. Puede decirse con toda propiedad que la cátedra episcopal se encontraba ayer “vacía” y ante ese mutismo de esta cátedra vacía, voy a ocuparme en este artículo explicando el origen de los atributos episcopales hasta llegar a la cátedra del obispo diocesano.



¡La cátedra del Priorato estaba vacía! Y así permanecerá vacía, sin que nadie la ocupe en las celebraciones litúrgicas –por lo menos así debe ser- hasta que tome posesión Gerardo Melgar, que ya es, por derecho el duodécimo Obispo-Prior de las Órdenes Militares electo o preconizado. No se olvide que a la situación de una iglesia sin pastor se le llama en la nomenclatura eclesiástica “Sede Vacante”.
¿Y por qué esta importancia de la cátedra? Sencillamente, por significar la sucesión apostólica en que está entroncado el ministerio del obispo. Dada la trascendencia de esta afirmación, bien vale la pena que la desmenucemos un poco. Con el correr de los siglos, la iglesia ha ido adornando con diversos atributos la dignidad episcopal.
Así el báculo que evoca al pastor, estaba ya en uso en España a principios del siglo VII, simboliza también el poder divino. Apareció primero en oriente, luego distintas naciones recalando en España y Francia a lo largo del siglo XI, excepto en Roma. El caso curioso y notable del báculo de autoridad episcopal terminado con una cruz, con una imagen del divino redentor clavado en ella. Como la que gustaba utilizar como báculo, Santo Tomás Becket hasta ante su propio martirio. 
Normalmente los báculos se han compuesto de tres partes; la curva representa la misión episcopal de orientar a sus diocesanos hacia el bien; también se atribuye a esta parte un simbolismo de fuerza creadora. La parte recta representa la obligación del obispo de dirigir a sus fieles, y la inferior; resuelta normalmente en punta, alude al celo para estimular las virtudes y corregir las desviaciones.
La mitra, que exalta la dignidad sacerdotal, se halla en la liturgia romana del siglo VIII. Es símbolo de autoridad la mitra, que se interpreta como yelmo de salvación, sus dos caídas traseras, que aparecieron en el siglo XII, simbolizan el espíritu y la letra del Antiguo y Nuevo testamento. Desde el punto de vista formal la mitra ha –evolucionado desde ser un casquete cónico a tener dos puntas-. La imposición en la consagración de un nuevo obispo, -antes del Concilio Vaticano II- el obispo consangrante sostenía la mitra sobre la cabeza del obispo consagrado, pronunciando en alto la siguiente sagrada rubrica del ritual y pontifical: "Señor en la cabeza de este obispo y paladín tuyo, coloco este yelmo de defensa y salvación. ornada de modo su frente, armada la cabeza con el poder de ambos Testamentos, pueda él aparecer temible ante los enemigos de la verdad".
El anillo de origen Romano, pone de manifiesto la autoridad del legislador, es datable en el siglo VII y comenzó siendo típico de ambientes galicanos, siendo símbolo nupcial en el caso de los esposos, como de sabiduría en el de los doctores y de unión de fe y de fidelidad de los obispos con la iglesia, obligados a defenderla con su propia sangre como Esposa de Dios; es por lo tanto símbolo de los desposorios del obispo con su iglesia particular. El ritual antiguo de consagración episcopal, el obispo consagrante sostenía el anillo, y tras bendecirlo, se lo colocaba al obispo electo sobre su dedo anular derecho, pronunciando las siguientes palabras: "Toma este anillo en prenda de la palabra dada, tuyo es, dotado de firme fidelidad para preservar y guardar el Inmaculado Honor, a la Esposa de Dios la Santa Iglesia".
El palio, prensa que habla de la dignidad senatorial se usó muy pronto en la iglesia, alrededor del siglo V, tanto en oriente como en occidente.
El solideo es un casquete de seda de color rojo o morado, y en caso papal de color blanco haciendo aguas. Tiene su origen verdadero en la costumbre observada ya entre los romanos, que en las asambleas sólo los ancianos podían tener cubierta la cabeza con pequeñas pieles (piléis), forradas con seda. Todas éstas son hoy vistosas insignias que ponen de relieve la figura del obispo católico. Sin embargo, en su origen, ninguna de ellas fue estrictamente cristiana. La Iglesia Católica las ha ido asumiendo de ámbitos paganos. Teniendo en cuenta que la cruz pectoral no es enseña privativa del obispo, pues cualquier cristiano puede llevar sobre su pecho una cruz y al obispo no le es impuesto hoy –por desgracia y deficiencia- con un peculiar rito litúrgico establecido en la consagración de obispos. Suelen algunos pectorales episcopales a la vez ser relicarios, y simbolizan plenamente la pasión viva y autentica la pasión de Jesús de Nazaret, y el triunfo de los santos y la defensa frente a los enemigos de Cristo.




Resulta que la cátedra es la única insignia episcopal estrictamente cristiana. Y ante esta afirmación, debemos precisar que la cátedra fue en su origen una categoría eclesiológica antes que un mueble litúrgico. En contraste con el resto de las otras insignias episcopales, la cátedra tiene una historia independiente, pues nació al abrigo de categorías cristianas y se las consideró siempre con proyección simbólica desde una realidad eclesial y sacramental.


Para Tertuliano, la cátedra expresa la sucesión apostólica del obispo. Así en el “De precripptione haereticorum”, habla de la cátedra como signo que acredita la apostolicidad de la Iglesia y, a partir de semejante concepción , concluye que la doctrina propuesta y enseñada por el obispo desde la cátedra es la auténtica y verdadera. Tertuliano recurrió a la cátedra para expresar una realidad eclesiológica, concretamente la sucesión apostólica, y por ello veía significada en la cátedra la autoridad para enseñar la doctrina. Desde esta concepción eclesiológica se puede sostener que la cátedra es la insignia episcopal que brota de la misma naturaleza del episcopado y expresa entre la comunidad la razón de ser este ministerio.


La cátedra episcopal es, pues la expresión litúrgica de la presidencia, residencia cultural y magisterial del obispo que congrega y enseña a la Iglesia en nombre de Jesús de Nazaret y sucesor Príncipe de los Apóstoles, en su catedral, de hay procede el nombre de la iglesia y templo principal de la diócesis.

Esperemos que el próximo día 21 de mayo, al dar el Nuncio Apostólico de Su Santidad posesión a Gerardo Melgar Viciosa, como XII Obispo-Prior de las Órdenes Militares Españolas, con la lectura y ejecución de las Letras Apostólicas o Bula Papal, al entregarle a este el Obispo-Prior Emérito cesado Monseñor Antonio Algora Hernando, el báculo episcopal, si no en realidad fehaciente y física en el tiempo y en lugar, lo conduzca él mismo dandole e invitandole a que tome asiento en su cátedra episcopal del Obispado-Priorato de las Órdenes Militares, -obra de los insignes y laureados escultores y restauradores hermanos Cruz-Solís-. Situada en el altar mayor de la Santa Iglesia Prioral Basílica Catedral de las Ordenes Militares Españolas, a los pies de Nuestra Señora del Prado, Patrona, Fundadora de Ciudad Real, Restauradora de las Dos Castillas y Protectora y Patrona de la Casa Real Española.


Solo en ese mismo y único instante, es cuándo comenzará el nuevo pontificado de Monseñor Gerardo Melgar Viciosa, al frente de su iglesia particular, magna iglesia diocesana de Ciudad Real, coto redondo de las Órdenes de Caballería de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Patria única y raíz de Santo Tomás de Villanueva, San Juan de Ávila, San Juan Bautista de la Concepción, del Beato Fernando de Ayala y antigua sede de su predecesor el tan eximio y amado obispo mártir, Beato Monseñor Narciso de Estenaga, martir de la fe junto a fidelísimo  secretario particular, el Beato Julio Melgar Salgado.  Cuyas venerables reliquias yacen, a escasos metros de esa cátedra episcopal y bajo la mesa del altar mayor abrigada por las bóvedas de la descomunal nave de la catedral manchega.





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