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sábado, 18 de junio de 2016

MANIFIESTO DE DON JOSE LIBERTO LOPEZ DE LA FRANCA Y GALLEGO, EX SECRETARIO PARTICULAR, EX JEFE DE LA CASA Y EX PRESIDENTE DEL CONSEJO PRIVADO DE S. A. R. DON LEANDRO ALFONSO DE BORBON RUIZ AUSTRIA, INFANTE DE ESPAÑA, CON MOTIVO DEL FALLECIMIENTO DE ESTE







El pasado viernes día 10 de junio, a las 13:12 horas era inmediatamente informado a través de mi secretaría particular, acerca de la gravedad en la salud de Su Alteza Real el Infante de España Don Leandro Alfonso de Borbón Ruiz Austria.
En la mañana de hoy y con toda urgencia, me confirmaban el fallecimiento del hijo de Su Majestad el Rey de España Don Alfonso XIII, de Borbón y Austria, sobrecogiéndome la impactante noticia enla Cancillería  del Consejo General de las Reales Academias e Institutos de España


Es notorio y público, que desde el mes de febrero del año 2011, estaba roto todo vínculo profesional, institucional, afectivo  y humano entre ambos. Consumado con mi renuncia a los cargos que Su Alteza Real me otorgó benignamente y libremente como Jefe de su Casa y Presidente de su Consejo Privado. Desde entonces he seguido con total discreción, respeto  y sigilo sus pasos en estos últimos cinco años, a través de familiares, amigos comunes y compañeros académicos.

En tiempos pasados de mi inquebrantable y permanente servicio a su Augusta persona, fui recibido en la privacidad de su Casa, como su más cercano e intimo colaborador y confidente.

Su trato hacia mí durante mi larga  permanencia a su lado fue primoroso e inmejorable; como el de un padre hacia un hijo. Juntos y al unísono defendimos causas nobles, envueltas en duras lágrimas pasando a las memorables risas y el sobresalto. Aquellas causas,  como la convulsa defensa, tan sagrada y digna de la memoria de S. M. el Rey Don Alfonso XIII, el Beato Narciso de Estenaga y Echevarría, y otras tantas distinguidas que no vencerán ni el feroz tiempo y el cruel olvido.

Y por haber sido leal en nuestra causa común al frente de la ingente, irrepetible y descomunal obra de la Real Casa Borbón Austria, hoy más que nuca deseo hacer valer y revalorizar justamente todo aquello por lo que juntos luchamos y ambicionamos arduamente y abiertamente, en íntima unión codo con codo, sin fisuras y con valentía de una permanente e invariable lealtad no complaciente hacia su regia persona.


No sería leal si no dijera también, que escribo y hablo en nombre de mis viejas luchas frente al difunto Infante de España. Que por haber sido claras sinceras y evidentes, permitieron por ambas partes en estos últimos meses, la compresión y el perdón final por nuestras discordias y graves ofensas acaecidas en el pasado. Dadas por causas foráneas  y de terceros, ante un débil carácter del anciano Borbón, así como su contumaz imprudencia y ampulosa soberbia. 


Desde entonces nació una relación nueva, inesperada pero para ambos fundamental y determinante. Porque fue posible comprender, él su lucha, yo la mía,  y a través del tiempo y las distancias andadas, conjugar los verbos comunes de nuestra mutua comprensión. Perseverando ambos en la unidad  de la nación, y deponiendo toda mira personal por el bien de España y el vínculo de unión indestructible en nuestra sagrada causa de la defensa de la memoria de S. M. el Rey Don Alfonso XIII. Evidentemente sin renunciar  individualmente a nuestra verdad y las razones personales, haciendo visible en el futuro toda la injusticia ejercida sobre nuestras propias vivencias y puntos de desencuentros. Así como de los errores cometidos por ambas partes, señalando sin miedo y valentía los culpables, encubridores, actores de nuestras amargas discordias, para llegar sin resentimientosa un definitivo punto de encuentro él y yo.


Este joven adversario, despide solemnemente y sin rencor, como biógrafo y fiel custodio de su propia y regia memoria, a  un quien fue para mi un padre, a un amigo, a un hijo de rey, a un español irrepetible ante los hombres y la Patria, que ha entrado ayer en la inmortalidad de la historia.

Amarga hora de duelo y ausencia la de un viejo amigo, en la que vengo a inclinar definitivamente esta mi impetuosa  frente, batida en mil batallas en pro del honor a la verdad.  Lo hago con respeto ante su cuerpo sin vida revestido solemnemente del habito y manto capitular de caballero de Santiago, en esta jornada abrumada para mi de dolor. Exclamando el presente manifiesto de forma pública y a titulo personal, con mi palabra entrecortada, revestida de ese dolor y sentimiento que nace humanamente de mi corazón y sale por mis labios, ante los restos humanos e inertes del Infante del Pueblo.
Embargado ahora de esta amarga tristeza y nostalgia, ante tantos sacrificios, trabajos, luchas, desvelos, servicios entregados sin medida a su Real persona, durante los años más felices de su existencia, solo me cabe la gratitud a Dios por haber puesto en mi camino a Don Leandro Alfonso.

Deseo por ello renovar públicamente el juramento que hice al difunto hijo del Rey de España, tal y como está testimoniado en nuestro común y único libro: “Alfonso XIII visto por su hijo” 
–Conversaciones con Su Alteza Real Don Leandro Alfonso de Borbón Ruiz Austria, Infante de España, páginas 395-396, Editorial Martínez Roca. PLANETA, 2007.






En estos momentos de tristeza  y lamentación por la muerte de un hombre que amó sin medida e incondicionalmente a España, deseo acercarme con respeto a su figura humana, con las mismas palabras que dirigió este Príncipe de Casa Borbón al Cardenal Blázquez, y que hizo conmover a ese Príncipe de la Iglesia Católica en España: “A Dios debo el Don de ser pobre, y esa es la mayor grandeza que de Él he recibido. Única corona de espinas de la verdadera nobleza y de toda realeza humana. Pues a Cristo no hemos de buscarlo en la realeza, ni en la grandeza, porque no lo encontraremos; busquémoslo en la humildad y en la pobreza. Desde su nacimiento, señala y determina cuales han de ser las armas, los blasones de los suyos: humildad, pobreza y martirio. Nunca olvide eso, mi querido Obispo, como recuerdo de este anciano Infante de España y del Pueblo”.
Por último deseo hacer público un precioso párrafo de su Testamento Político de despedida al Pueblo Español, el cual me entregó personalmente en su despacho escrito en unos folios, meses antes de mi renuncias a  mis cargos como Jefe de su Casa y Presidente de su Consejo Privado, al presentir ante un inesperado resquebrajamiento de su salud dado en el año 2010, en el que dice y manifiesta con  profundo sentimiento de emoción y sinceridad: ”Pido humilde y sincero perdón a todos aquellos a los que pude haber ofendido y haber hecho daño irreparable o haber herido, directa e indirectamente, con mis actos. Perdono, en mi corazón a todos aquellos por quienes fui combatido y denigrado injustamente y a los que actuaron menospreciando, injuriando y calumniando la augusta persona de mi padre el Rey y de mi madre Doña Carmen Ruíz Moragas, declarándose abiertamente mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros enemigos que los de España y los que atacaron cobardemente la sagrada memoria de Don Alfonso XIII”



Que Santa María del Prado, su Patrona celestial a la que tanta devoción profesó en vida, lo conduzca en ese transito  hacia los alcores celestiales protegiéndolo bajo su manto divino, y lo reciban con el abrazo tan esperado sus tan amados del alma, Beatos Narciso de Estenaga y Julio Melgar.

Dios Nuestro Señor,  Rey de Reyes y Emperador de Emperadores en su Soberano Poder, sea magnánimo cuando Don Leandro Alfonso, comparezca ante su inapelable juicio, teniendo en cuenta de sus buenas obras, que como hombre  y cristiano, estuvo siempre de parte del genero humano. Confesando valientemente y amando de todo corazón,  ayer hoy y siempre, aquel llamado Jesús de Nazaret. Así sea.


José Liberto López de la Franca y Gallego



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